Wednesday, 28 March 2012

Lutita




El estruendo de la respiración del gran animal de metal y tuercas despierta a toda la comarca. Las placas chillan y tornillos se zafan y vuelan por todos los niveles. Baro, entre todos, despierta con la dureza en las paredes de la boca. Desliza fugazmente su cuerpo hacia el emplazamiento central, porque, si ese sonido aterrador provenía de las barreras que permitían su invariable existencia, era aquel el único lugar donde podría mantener sus partículas juntas por más tiempo. Al llegar, vio masas conmocionadas reunidas en toda la extensión de la plazoleta quedando relegado a una esquina.

 Reunió toda su viscosidad, en espera. Se mantuvo así por varios minutos, con el rasguño del metal interminable de fondo. Vio a todos los que pertenecían a la comarca; pequeñas porciones que recién se habían formado hace unos pocos días, sin aun mezclarse y expandirse con otra porción. Pobres pequeñas creaturas, no habían tenido el tiempo suficiente para vivir tranquilos.

Los pensamientos de Baro calmaron su angustia, pero en tanto se distrajo con las combinaciones de átomos conocidas, el estruendo incrementó e hizo pasar lo terminante. Placas de hierro cayeron mordaces, siendo parte de lo que era su cielo. Las paredes se desplomaron contra el suelo, desapareciendo los hogares de estas partículas de agua y tierra. El polvo los atacó y los fortaleció, pero luego quedaron vulnerables. Después de todo el estruendo, hubo calma, seguida por rayos de luz silenciosos. Éstos atravesaron a todas las masas sin compasión alguna, atacaron contra su superficie.

Baro cayó en cuenta con las punzadas de dolor. Ya toda la barrera había desaparecido, ahora todos se encontraban bajo el escrutinio y lenta agonía que les provocaba el sol. Todas las partes de su ser se conmocionaron, se fue electrificando toda su masa y las pequeñas partículas imperceptibles de agua fueron secándose con el tiempo. No fue una muerte instantánea. Baro fue sintiendo cada grieta que se habría en su corteza ya dura y su existencia se vio ofuscada por la falta de consistencia. Se cuarteó y endureció como una piedra porosa. Todo esto sucedió en incontables días de sol atroz. Baro mientras trató de mantener su consistencia en lo único que pensó fue en un grandioso eclipse solar. Pero así fue como esta pequeña porción de barro cayó inconsciente bajo los rayos del sol.

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