El estruendo de la respiración
del gran animal de metal y tuercas despierta a toda la comarca. Las placas
chillan y tornillos se zafan y vuelan por todos los niveles. Baro, entre todos,
despierta con la dureza en las paredes de la boca. Desliza fugazmente su cuerpo
hacia el emplazamiento central, porque, si ese sonido aterrador provenía de las
barreras que permitían su invariable existencia, era aquel el único lugar donde
podría mantener sus partículas juntas por más tiempo. Al llegar, vio masas
conmocionadas reunidas en toda la extensión de la plazoleta quedando relegado a
una esquina.
Reunió toda su viscosidad, en espera. Se
mantuvo así por varios minutos, con el rasguño del metal interminable de fondo.
Vio a todos los que pertenecían a la comarca; pequeñas porciones que recién se
habían formado hace unos pocos días, sin aun mezclarse y expandirse con otra
porción. Pobres pequeñas creaturas, no habían tenido el tiempo suficiente para
vivir tranquilos.
Los pensamientos de Baro
calmaron su angustia, pero en tanto se distrajo con las combinaciones de átomos
conocidas, el estruendo incrementó e hizo pasar lo terminante. Placas de hierro
cayeron mordaces, siendo parte de lo que era su cielo. Las paredes se
desplomaron contra el suelo, desapareciendo los hogares de estas partículas de
agua y tierra. El polvo los atacó y los fortaleció, pero luego quedaron
vulnerables. Después de todo el estruendo, hubo calma, seguida por rayos de luz
silenciosos. Éstos atravesaron a todas las masas sin compasión alguna, atacaron
contra su superficie.
Baro cayó en cuenta con las
punzadas de dolor. Ya toda la barrera había desaparecido, ahora todos se
encontraban bajo el escrutinio y lenta agonía que les provocaba el sol. Todas
las partes de su ser se conmocionaron, se fue electrificando toda su masa y las
pequeñas partículas imperceptibles de agua fueron secándose con el tiempo. No
fue una muerte instantánea. Baro fue sintiendo cada grieta que se habría en su
corteza ya dura y su existencia se vio ofuscada por la falta de consistencia.
Se cuarteó y endureció como una piedra porosa. Todo esto sucedió en incontables
días de sol atroz. Baro mientras trató de mantener su consistencia en lo único
que pensó fue en un grandioso eclipse solar. Pero así fue como esta pequeña
porción de barro cayó inconsciente bajo los rayos del sol.

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